11 oct. 2018

Le Treg Ennedio Trail
 Distancia: 90kms
Etapas: 1
Tiempo: 20:30hrs hrs
Posición: 4
Año: 28 Enero 2018
Zona: Ennedi Desert, Chad

Nada como volver a una nueva aventura, con grandes expectativas y por que no decirlo, con un poco de miedo e incertidumbre.
Según la prestigiosa revista Lonely planet, Chad, que es donde se celebra la competición,
es “un país peligroso para viajar, los recientes actos terroristas así lo afirman”. Así que imagina como tenía a la familia y amigos. Un… estas loco!, era lo más bonito que escuchaba. Pero nada como las ganas de descubrir un nuevo país y realizar otra carrera en el Desierto.
Al ser una carrera organizada por Franceses, recuerdo que Chad fue una colonia Francesa hasta no hace mucho, nos reunieron a todos los corredores en el aeropuerto de París Charles de Gaulle.
Como suelo hacer con todos los viajes, mi escapada fue un par de días antes. Para no pasar nervios por la pérdida del avión y sobretodo, para conocer un poco más del destino. Así que descubrí nuevamente la ciudad de París con Neus. Deambular por el barrio bohemio de Montmatre, subir a la Torre Eiffel o comer cerca de Notre Damme en el restaurante Procope, el más antiguo de París, fue una idea muy acertada para relajar un poco la mente.
Pero la escapada romántica se acabó. A los dos días ya estaba en el aeropuerto de París con un comboi de Franceses y con rumbo a N’Djamena, la capital de Chad.
Chad es un país rodeado de países conflictivos. Al norte con Libia, Níger o Sudán y al sur con Nigeria, Camerún y República Centroafricana. Así que imagina que polvorín.
Nada más llegar al aeropuerto y como siempre hago, realicé una foto bajando del avión y…sorpresa! Primer conflicto. Me quitan el pasaporte y me llevan al cuartelillo. No podía ser, en dos minutos ya estaba en problemas. Menos mal que todo el grupo estaba respaldado por el gobierno Francés y del Chad, y el consejero de Turismo del Chad actuó de inmediato. Borré la foto y ya. A seguir con el protocolo de inmigración. Que temple se ha de tener en esos países. Mira que iba con cuidado.
Al llegar de madrugada a N’Djamena, los organizadores nos llevaron al hotel Radisson Blu a dormir un poco para que al día siguiente estuviéramos descansados para la gran travesía del Desierto Ennedi.
La primera gran experiencia del viaje la tuve con el vuelo a Fada, al norte del País. Un avión militar nos esperaba para un trayecto de dos horas cruzando la meseta de Ennedi, considerada una de las zonas más remotas del planeta. Que alucine, que sensación sobrevolar ese gran Desierto en ese avión tan peculiar. Estaba inquieto, no sabía donde mirar ni que hacer. Todo era nuevo. Incluso me dejaron sentar en la zona de pilotos y ver todo desde el aire. La verdad es que solo por eso vale la pena inscribirse en Le Treg.
Aterrizamos en un descampado de arena en medio de la nada y esperamos hasta que despegó de nuevo el avión. Que momento tan auténtico. A día de hoy aún alucino.
Tras el despegue, nos adentramos 3hrs por el desierto en 4×4 . Lo bueno era que no hay carreteras. Que pasada ! Aquien se le podía ocurrir una carrera en ese sitio tan inhóspito? Solo llegar en avión es una odisea ya que no hay aeropuerto, pero una vez aterrizas, te adentras tres horas en 4×4, que en muchos tramos teníamos que empujar por que no pasábamos las dunas hasta un campamento hecho con paja y cuatro ramas. Es de locos. Pero eso es la esencia de Le Treg. Sentirte libre en medio de la nada.
Tuvimos toda una tarde para habituarnos al campamento. Era muy auténtico. Todas las “haymas”, hechas de hojas de Palma entrecruzadas para que entrase la luz y no la arena del desierto, estaban en círculo. Teníamos hasta unas duchas un poco rudimentarias y lavabo del desierto o agujero en la arena. Que es lo mismo. La verdad es que no faltaba de nada. Y hasta cocineros. Que cada mediodía y noche nos cocinaban los platos autóctonos del Chad.
Muchas legumbres, hortalizas, pan artesano y de carne, cabra. Era muy curioso como sacrificaban al animal en un árbol.
Primero lo mataban muy cuidadosamente, luego lo despellejaban con mucha delicadeza y posteriormente lo troceaban para ponerlo a la olla. En Europa sorprende un poco, pero allí es tan normal, que hasta lo hacían los niños.
La única pega que tengo es el frío de las noches. Con ropa térmica, saco de dormir Artiach y tenía un frío… eso si que fue duro. Menos mal que ese cielo estrellado era mágico y se te pasaba todo. Increíble belleza del cielo sin contaminación lumínica y con esa luna llena…que recuerdos…
Al día siguiente me desperté pronto y me quedé maravillado con el paisaje. Un desierto con esas rocas tan peculiares de color rojizo que va cambiando según el sol y esa arena dorada… me hago pesado, pero nunca había visto tanta belleza natural con mis ojos. Alucinaba a cada segundo.
Pasando a lo puramente técnico de carrera, el segundo día de campamento lo teníamos para chequear el material obligatorio, verificar el certificado médico y recoger el GPS con el track de la carrera y hacer un pequeño test en el terreno para aprender el manejo del aparato.
Sin ningún problema pasé todos los requisitos, pero con el manejo del GPS tuve alguna dificultad.
Justamente mi GPS no estaba bien calibrado y en el test parecía un novato. Menos mal que me lo corrigieron y lo pude probar durante una vuelta de 5kms sin muchos problemas. Iba a ser complicado el correr y estar pendiente todo el rato de la ruta.
El test me fue bien para quitarme una duda que tenía. Había muchísima arena y mis polainas no iban cosidas a la bamba, así que estaba intranquilo. Pero no hubo problema con eso. Vi que eran suficiente para ese terreno. Las Altra Running Escalante más las Polainas Altra fueron de diez.
Con todo chequeado, un par de días de aclimatación y con ganas de comenzar la carrera…llegó el momento de salir a correr.
Me vestí, con mi ropa SportHG, mis calcetines Injinji y mis bambas Altra Running y preparé minuciosamente la mochila Oxitis para enfrentarme a una de las aventuras más auténticas vividas.
La salida se retrasó un poco por temas gubernamentales. A la salida vinieron personalidades del Chad y se les había de tratar bien… estábamos en un país no muy seguro y ellos eran nuestra mayor seguridad
3,2,1 y a correr.
Salida como casi siempre, todos corriendo para la foto. Y que gran foto… con los camellos, Sebastian Chaigneau y un marco incomparable como el Desierto del Ennedi.
Rápidamente me pongo en tercera posición detrás de dos de los mejores corredores que hay en el momento y sigo su estela.
El ritmo era bueno, lo que ya veía que la mochila me pesaba mucho. Los dos primeros llevaban unas mochilas muy pequeñas y no les resultaba difícil llevar una buena zancada. A mi me pesaba horrores y rápidamente comencé a sudar.
Teníamos 17kms hasta el control1. En esos kms tenía que testar muy bien el GPS. Un buen manejo del GPS es una baza que suma mucho. Yo iba trasteando bastante bien pero siempre con la mirada en los dos primeros que me hacían un poco de guía.
Cruzamos zonas de arena, el curso de un río seco, planicies en medio del Desierto hasta llegar al control. De momento el protocolo de alimentación e hidratación iba bastante bien.
Cargué agua rápidamente y salí detrás de los primeros.
En ese control fallé un poco, ya que del control 1 al control 2 era el tramo más difícil y no cargué demasiada agua. Gran error. Un litro más de agua hubiera sido lo ideal.
Ya no tenía a vista a los primeros, así que tenía que ir mirando a cada momento el GPS. No era ningún problema, de momento todo iba bien. Demasiado cansado para llevar tan pocos kms, pero convencido de mis posibilidades.
El terreno se iba complicando cada vez más. Mucha roca, mucha arena y un sol que cada vez picaba más. A lo lejos veía una zona montañosa, que teníamos que cruzar. Estaba muy lejos, en el horizonte, pero poco a poco fui llegando. Estaba solo y mi único objetivo era avanzar.
Llegué al laberinto de rocas. Teníamos que adentrarnos y cruzarlo por dentro. Que bonito y que sensación tan auténtica. Nunca había visto nada igual. Como si fuera un ratón me fui adentrando y con el GPS buscando la salida. La verdad que fue bastante duro, ya que tenía muy pocos metros de error y la tensión aveces me fatigaba bastante.
Un par de veces me perdí, pero poco a poco pude encontrar la salida e intentar buscar el control 2.
En todo aquel laberinto fui muy lento y bebía mucha agua, hasta que me iba quedando sin reservas. Me quedaban aún dos horas y tenía el agua a mínimos. Ese error lo iba a pagar más adelante.
Sabiendo lo importante que es beber en el desierto, dosifiqué muchísimo el agua. Tomé pastillas de sal y no paraba de comer a pequeñas dosis. Prevenía lo que al final padecí.
El tramo final hasta el Control 2 fue sin duda lo más duro. Me quedé sin agua a una hora del avituallamiento. Roca y más roca, sol abrasador, bajadas sin camino por montañas vírgenes… un cúmulo de factores que no me iba nada bien, ya que encima no tenía agua… muy duro.
Y por fin llego al control 2. Llevaba en el cuerpo 40kms. Estaba bien. Pero volví a fallar.
Con la falta de agua en el segundo tramo, la dureza del clima y que aún quedaba mucho…lo ideal hubiera sido parar en ese control una media hora, beber bien, mínimo un litro de agua a la sombra y salir tranquilo a buscar el siguiente control. Pero no hice eso. Al ir tercero, el espíritu competitivo me jugó una mala jugada.
Cargué agua, esta vez 3 litros y salí deprisa con un sol de justicia y sin ninguna sombra en 25kms.
Me acuerdo que crucé una estepa con un suelo muy malo para correr, o sea que anduve en muchos tramos y que el sol me achicharraba. Iba bebiendo, pero mi cuerpo estaba deshidratado.
Tuve algún problema con el GPS, ya que cuando tenía que ir recto, me hacía bordear las montañas y encima el cursor se me giró y tenía que orientarme al revés. Un caos. Pero sabía que tenía que llegar al control 3. Estaba en medio de la nada, entre desierto y rocas y que solo había una salida. Llegar al avituallamiento cuanto antes.
No perdí ningún momento para avanzar y avanzar. Bebía y comía a menudo, pero veía que tenía que parar un rato largo, descansar, beber tranquilo y sobretodo calibrar el GPS. Me estaba volviendo loco con las pérdidas a cada momento. Y encima dos niños pequeños me robaron un par de barritas. Vaya tela. Los vi venir de frente, les sonreí y cuando me pasaron me cojieron dos barretas que llevaba detrás de la mochila. Menudos cabroncitos…les pegué un grito pero se reían de mí. Menos mal que se fueron. Por si acaso me iba girando para prevenir. Jajaja. Surrealista.
En esas que llegué al Contro 3 , km63 en buen estado, caminando por un canal de piedra con subidas y bajadas y como he dicho antes, quería parar un rato. Lo que no sabía que iba a parar tanto.
Fue tumbarme y comenzar las rámpas en las piernas. Durante la carrera no tuve ninguna, pero al parar el cuerpo se relajó y no veas. En la vida me había pasado eso.
Tras el error en el CP1 de no cargar suficiente agua y quedarme una hora sin agua, al error del CP2 de no esperar un buen rato para hidratarme bien y salir tranquilo, al error de la mochila y la alimentación.
Ya llevo muchos años que me hago mis galletas energéticas para las carreras Ultra, pero esta de 180kms en autosuficiencia no era la mejor opción llevar todo galletas.
Tenía que haber llevado una alimentación variada para cada control. Algo de sopa, que es rápido de hacer y da confort, una comida liofilizada para los tramos de noche, algo de jamón o queso… en fin que al solo llevar galletas se me hizo difícil tener algo caliente y a la vez calórico. Menos mal que un voluntario tenía una sopa y pude calentar un poco el cuerpo.
Al saber que estaba totalmente deshidratado y con toda la experiencia de amigos que habían pasado esa situación, hice un plan para poder llegar a un estado de forma óptimo y acabar la carrera.
Lo primero que hice es hidratar bien el cuerpo con sopa, té y agua con minerales.
Así estuve una hora y media tumbado con una manta por encima. A veces la doctora me hacía algún masaje en la cabeza para relajarme, estaba fatal. Muy cuerdo, pero había dañado mucho al cuerpo. No por correr, si no por dentro que es peor.
Tras una hora y media me pude incorporar y sentarme un poco. Imagina, aún no había llegado el cuarto corredor. Pero a mi eso me importaba poco. Yo querían estar bien y sabía como hacerlo.
Al no dolerme la cabeza y no tenía ganas de vomitar, el transcurso fue muy positivo peero lento.
A las dos horas ya me levanté y oriné un poco. Era muy amarillo, pero era un síntoma muy importante. Tenía que seguir bebiendo hasta mear blanco. Esa era mi premisa.
A las dos horas y cuarto llegó el cuarto corredor. Era Japonés y llegó exhausto.
Se tumbó un buen rato. Poco a poco fueron llegando corredores.
Yo no tenía ninguna gana de seguir compitiendo, primero tenía que estar totalmente recuperado y luego ya decidiría que hacer.
A las tres horas de estar en el control ya comencé a estar bien. Algún corredor me daba comida liofilizada y me la comía sin rechistar. Calentito y sales minerales. Perfecto.
A las tres horas y media ya veía el fin de la deshidratación. Ya quería comenzar a caminar y encima ya meaba blanco. Estaba muy contento, ya que había superado una situación crítica que nunca había sufrido antes. Y en esas que llegó mi amigo Cyrus. Que bueno. Cuando acabó de comer y descansar, a las cuatro horas de estar en el control, salí rumbo al control 4.
Que ilusión y que bien me sentía. Parecía que no hubiera pasado nada.
Al salir de noche, nos abrigamos, nos pusimos el frontal y a la luz de la luna íbamos avanzando.
Me paraba cada cinco minutos a mear. Estaba totalmente hidratado. Comía bien y hablaba todo el rato con Cyrus. La verdad que fueron unos momentos muy especiales para mi.
Pero casi llegando al control 4 , Km82, mi cabeza comenzó a evaluar.
Me quedaban unos 100kms por delante a un ritmo muy muy lento, sin comida apetecible y muchas horas otra vez al sol. Había luchado mucho para poder estar bien y justamente en ese control podías cambiar de distancia y escoger la de 90kms.
No se lo comenté a Cyrus hasta llegar al control.
Allí le dije que haría la distancia de 90kms. Tras todos los errores que había cometido y que al final estuviera bien, lo más lógico era acabar tranquilo y reposar. Me lo merecía. Era como un premio. Así que finalmente salí a por los últimos 8kms hasta meta. Es lo más lógico que podía hacer. Y Cyrus lo entendió perfectamente. Luego me dijo que se arrepintió muchas veces de no haber hecho lo mismo que yo.
Salí del control corriendo, de noche, con ganas de acabar y ser Finisher Le Treg 90kms. Muy motivado y 100% convencido de que era la mejor opción. Cantaba, reía, volvía a pensar en mi família en lo afortunado que era al poder estar corriendo por esos parajes y estar bien. Me emociono pensando en aquel último tramo.
Poco a poco avanzaba y poco a poco saboreaba la meta. Hasta que llegó.
Que ilusión y que alivio. Sano y salvo tras 20hrs 30min. Que grande!!
Lo primero que hice es irme a la Hayma a tumbarme y dormir plácidamente. Brutal!
Ya por la mañana, al estar bastante bien, solo un poco de agujetas, supongo por el vacío que llevé al cuerpo, comenzó otra aventura para mi.
Al haber familiares de corredores en el campamento, organizaban excursiones por el Desierto. Y me apunté a todas.
Dos días de descubrir cuevas con pinturas rupestres de la ruta Transahariana que datan de 5000 años a.c, bebederos naturales de camellos con cocodrilos en medio de la nada, un sin fin de arcos de piedra hechas por la erosión, fósiles de caracolas marinas… espectacular.
Menos mal que supe parar y disfrutar de la carrera y del territorio donde estábamos. Un premio.
Cuando llegó la hora de salir del campamento fue una de las peores despedidas que he tenido nunca, ya que me cautivó tanto esa manera de vivir, ese parón en el tiempo y tanto descubrimiento que no tenía ninguna gana de volver a casa. El Desierto del Ennedi, las gentes de la zona y la experiencia vivida en el Chad ha sido de las aventuras más emocionantes de mi vida.
Creo que de esta aventura he aprendido mucho, tanto deportivamente como en viajes.
El Chad me ha fascinado y por que no decirlo, volvería ahora mismo.
Global limits Camboya
 Distancia: 220kms
Etapas: 6
Tiempo: 18.30hrs
Posición: 1
Año: 25 noviembre 2017
Zona: Siem Reap, Angkor Wat

Otra aventura, otro reto que luchar.
Esta vez en el Sudeste Asiático, en un país que poco a poco va superando una etapa reciente muy oscura. Hace tal solo treinta años que salió de uno de los genocidios más brutales de la historia. Más de tres millones de personas fueron asesinadas en campos de exterminio y fosas comunes.
Por todo eso sus gentes, ahora, no paran de sonreír y mirar hacia el futuro con muchas ganas.
Camboya lo tiene todo. Cultura, paisaje y millones de sonrisas.
El viaje iba a ser largo. Tres escalas y 21hrs de vuelo nos separan de Pohn Penh, la capital de Camboya. Menos mal que los aviones están a la última. Películas, comida, wifi…
A la llegada a Phon Penh ya pudimos comprobar el calor y la humedad que nos íbamos a encontrar durante la carrera. Ese casi 100% de humedad y más de 30 grados se palpaban rápidamente.
Lo primero que hice al llegar al hotel fue meterme un baño en la piscina para quitarme el cansancio del viaje y luego un masaje para dejar el cuerpo a tono.
Por la tarde, la organización nos revisó el material obligatorio, las pruebas médicas etc… y por la noche nos fuimos todos a cenar a un restaurante a orillas del río Mekong. La comida es a base de noodles , verdura y pollo. Así que me encantó.
Ya por la mañana el staff de la carrera y todos los corredores, que veníamos de 16 diferentes países, nos adentramos al interior del País en autocar, observando lo que, más o menos iba a ser la carrera. Muchos arrozales, llanuras extensas y el clima extremo. No hay muchas montañas en Camboya, así que el ritmo de carrera iba a ser alto.
Tras unas seis horas de trayecto y un par de paradas, llegamos al primer campamento.
La primera noche íbamos a dormir en un Templo Budista. Allí ya pudimos ir repartiendo material escolar que recolectamos en Blanes. Más de 24kgs de bolis, libros, temperas, pinceles, libretas, gomas, reglas…
Neus ya hizo amigos y poco a poco se reproducían. La verdad es que es una de las grandes cosas que me llevo de Camboya. Esos momentos con Neus, rodeados de niños y con esa expresión de felicidad es sus caras.
Por la noche ya cenamos la comida liofilizada que teníamos que llevar y dormimos en el suelo del templo. Un poco incómodo, pero nos teníamos que ir acostumbrando a dormir en sitios extraños.
Y comienza la carrera. Después de varios días por Camboya, tocaba lo auténtico. Tocaba lo que habíamos pensado desde hace muchos meses. Ponerse en la línea de salida y comenzar a correr.
La salida estuvo auténtica, llena de monjes budistas, representantes del gobierno y muchos niños. 30Kms nos separaban de la meta del primer día y el ritmo inicial fue rapidísimo. Salió Fabrice, un buen amigo Suizo, a 4’10min/kms. Un ritmo verdaderamente alto para este tipo de pruebas tan exigentes.
La carrera era un total de 220kms en 6 etapas, así que siempre se sale con precaución. Pero salimos muy muy rápido. Me incluyo ya que tenía unas sensaciones muy buenas y quería estar en los puestos de cabeza. Con unas buenas zancadas llegué a coger a Fabrice y advertirle del ritmo tan alto que llevaba, así que bajamos la intensidad un poco. Menos mal, si no moriríamos el primer día.
En ese ritmo más cómodo, sobre 4’30 min/kms mi cuerpo podía aguantar y así fue.
Tras unas largas rectas entre pueblos con un sol abrasador pude mantener el ritmo y llegar en primera posición con 2:22hrs. Llegué exhausto. Al verme primero todo el rato pensé que tenía que aguantar y me costó bastante el tramo final. Me distraía con las miradas de esas gentes. Estaban alucinando conmigo. Correr con ese calor? A donde iba ese blanquito? Quien le persigue?
Descansé e hidraté en meta mirando el reloj. A ver cuantos minutos le había sacado al segundo. Y a los doce minutos apareció Isabelle. Una corredora Canadiense que es la única chica de las fuerzas especiales militares de Canadá y campeona estatal de triathlon. Madre mía !! Me puse más nervioso todavía.
Una chica segunda? Con lo duras que son? No me lo creía. Y en eso que apareció Michael, Americano, que venía de hacer segundo en Buthan. Ya tenía alguna referencia de corredores. Y no me gustó un pelo. Eran corredores experimentados y no sabía cual iba a ser su estrategia.
Pero yo a lo mío. Había hecho un primer día muy bueno y tenía que descansar, comer bien y ya se vería todo durante los siguientes días.
Llegó Tony, llegó Cyrus, Brigitte y el resto de corredores al segundo campamento.
La segunda noche íbamos a dormir en casas de Camboyanos. Yo dormía con el Staff, ya que Neus estaba de voluntaria en la carrera y quería estar a su lado. No era nada romántico ya que estábamos rodeados de hormigas, mosquitos etc.. y además estaba tan cansado que a las siete de la tarde ya intentaba relajarme y dormir. Pero era bonito el beso de buenas noches.
La segunda etapa eran 36kms. Y más de lo mismo. Llanuras, rectas de varios kms, sol abrasador y cruce de pueblos con sus mercados de comida a banda y banda del camino.
En mi interior quería salir un poco más tranquilo que el primer día, pero no fue así. No se que pasó que salí bastante rápido y marqué un ritmo muy alto. Podía mantenerlo y puse todo mi empeño en alargar zancada, respirar cómodo, comer y beber frecuentemente… Y me fue genial, incluso los últimos 8kms de Selva. En ese tramo final, palpamos lo que tanto miedo nos daba. La Selva Camboyana. Caminos estrechos, encharcados, llenos de barro, con poca visión del suelo y muchísima humedad. Me creía que estaba en una película de Rambo y pensaba en todo momento en los perseguidores, así que no paré de correr y no bajé el ritmo en ningún momento. Me sentía fuerte y con ganas. De vez en cuando algún templo ,rollo Indiana Jones, aparecía por la maleza y me llenaba de energía. Disfruté muchísimo.
Llegué al TemploPreah Khan, donde estaba la meta. Un lugar de ensueño. Estaba contentísimo. Había aguantado un ritmo altísimo durante toda la etapa. 2Hrs51min y record de la etapa en seis años de esta carrera.
No me lo creía. No dejé escapar ni un segundo para hidratarme, comer y descansar. Incluso había un río donde me pude bañar y limpiar la ropa. Era líder y no podía bajar la guardia.
Volví a arañar minutos a los perseguidores. Todo iba por buen camino, pero al día siguiente era la etapa larga, la de 65kms con 30kms de Selva. Estaba dispuesto a seguir luchando, pero iba a ser muy duro.
El campamento estaba situado a las puertas del Templo, dormiríamos en tiendas de campaña. Creo que fue el sitio con más encanto de los que estuvimos. Durante toda la tarde nos adentrábamos al interior del Templo para ver esas raíces de árboles incrustadas en las rocas, ese colosal enclave con cientos de puertas, esculturas, grabados…y todo ello abandonado. Era una sensación de estar en el pasado. Miraba entre la maleza por si salía algún nativo de hace mil años… estaba en mi salsa.
Pero con la calor y las veces que visité el Templo, me cansé un poco más de la cuenta, prefería visitar ese sitio y no quedarme en el campamento descansando.
Rápidamente se hizo de noche y tocaba descansar. Esa noche es de las que no se olvidan ya que hacía una noche de estrellas increíble. Recuerdo salir de la tienda a mear y ver la silueta del Templo con la luna llena y millones de estrellas. Me quedé embobado.
Todo aquel buen rollo, esos dos días de subidon, se bajaron de golpe en la salida de la etapa larga.
Creo que fue el momento más angustioso, ya que tenía que mantener el liderato y veía a los corredores super concentrados y con ganas de batallar. Iban a ser muchas horas de carrera, con mucho más sol y un primer tramo de Selva muy técnico.
Decidí salir con el grupo y ver que hacían. No les sacaba mucho tiempo en la general, pero quería asegurarme todo el tramo de Selva, que iba a ser bastante complicado.
Salimos un grupo de seis corredores, entre ellos Tony, que se marcó veinte kms de Selva tirando de todos nosotros. Y encima descolgó a todos. Puso un ritmo muy fuerte.
El terreno era fangoso, incluso se quedaban las bambas enganchadas en el fondo y tenías que buscarlas. También estaba lleno de charcos donde no sabías donde pisar. Además nos advirtieron que habían muchas serpientes, así que imagina como íbamos.
La señalización de la carrera era muy buena. No teníamos que sufrir mucho por perdernos, aun que varias veces lo hacíamos por despiste. No podíamos mirar mucho al frente. Estaba muy complicado el camino.
Al llegar al segundo avituallamiento, que eran entre 9 y 12kms, Tony me dijo que tirara, que iba a reservar un poco. Así que salí a mi ritmo e hice los últimos diez kms de Selva en solitario.
La experiencia me gustó ya que no miré hacia detrás en ningún momento. Sabía que iba fuerte, cómodo y con muchas ganas. Al salir de la Selva, buscaba ansioso el tercer avituallamiento. Me quedé sin agua y no podía estar ni un minuto más sin beber. A los diez minutos allí estaba en check point. Que alivio. Cargué bidones y a por los treinta kms restantes. Estos últimos iban a ser demoledores. Hasta el km 40 corrí bastante bien. Tenía en mente llegar por que estaba Neus en ese control. Era mi motivación. Quería que me viera que seguía primero.
Llegué muy acalorado. Ella estaba en un puente. Me dijo que me metiera en el río, pero no podía perder tiempo. Me remojé la cabeza con agua, llené bidones y salí para afrontar los kms más duros de toda la carrera.
Ahora solo pensaba en llegar a meta, pero el ritmo no era tan rápido como quería. Demasiado sol, demasiadas rectas infernales, comencé a plantearme el caminar un poco. Hice un km pero la calor era peor y andando perdía unos minutos muy valiosos, así que corría lento pero avanzando.
Llegué a el último avituallamiento y me senté a la sombra. La sensación era de estar a las últimas.
No tenía ganas de andar ni correr ni un metro. Ya no sonreía a nadie, estaba concentrado y luchando conmigo mismo.
Sabía que solo eran diez Kms los que me separaban de meta, pero que iban a ser muy muy duros.
Salí del check point caminando. Quería respirar tranquilo hasta que decidiera comenzar a correr.
La comida me entraba bien, eso era buena señal. A los pocos minutos comencé a trotar.
Que duro. Que clima tan demoledor. Pero iba sumando minutos y kms hasta llegar a una zona arbolada. Ya no sufría ese calor tan bestia y pude ir cada vez más rápido. Sabía que la meta estaba cerca, ya que acabábamos en un Templo muy famoso, en el Prasat Beng Mealea. El Templo donde se rodó Indiana Jones. Y por fin vi la recta final. Justo a los pies del templo. Tras 6hrs48min pude tumbarme a la sombra y descansar. Vaya día duro. Un etapón de los buenos. Donde la experiencia y las ganas me llevaron a la primera posición y además destacado.
Descansé en meta con Stefan, el director de carrera, y la médico. Ahora ya podía estar más tranquilo. Tres etapas, muy buenas sensaciones y primero. No podía pedir nada más.
Mientras los corredores llegaban, veía que había sido una etapa muy dura y que aún quedaban casi cien kms. Volví a modo concentración.
Preparé toda la mochila para el próximo día, me hice la comida y esperé a Neus en la casa donde dormiríamos ese día.
Ella tardaba bastante en llegar, ya que cuando pasaba el último corredor por su check point, tenía de acompañarlo durante diez kms hasta el siguiente avituallamiento y así no se quedaba ningún corredor solo. Era el método de carrera y no estaba mal. Pero ese día llegó muy tarde, yo ya estaba durmiendo.
Me levanté con un ligero dolor en el empeine, pero tampoco era mucho.
Cada día me hacía un pequeño masaje, así calentaba los músculos y veía que dolores tenía.
La cuarta etapa era la más fácil. 30Kms con una subida bastante pronunciada y luego todo bajada.
Salí con el grupo de cabeza hasta el primer check point. Íbamos a un ritmo muy cómodo para mi. Pero no tenía ganas de ponerme a correr en solitario de nuevo. Demasiadas horas solo, quería un poco de grupo. Y me fue bien antes de la subida.
Justo antes del avituallamiento, cambié un poco el ritmo y así llenar bidones tranquilamente.
Comencé a subir por un camino denso e inclinado. De vez en cuando me giraba para contemplar las vistas desde lo alto de la montaña. Por cierto, un paisaje inolvidable. Desde lo alto se apreciaba la llanura de Camboya con sus pueblos y sus arrozales. Me gustó mucho. Seguí ascendiendo y crucé dos de los pueblos más bonitos que vi durante la carrera. Aislados del mundo, con casas de madera, palmeras…pero bastante sucios. No cuidan mucho la limpieza en Camboya. Podrían tenerlo un poco más curioso.
Poco a poco iba descendiendo desde lo alto y no paraba de correr. Iba bastante rápido. Con ganas de acabar. Era una pista bastante ancha y en bajada, no tenía mucho peligro.
Casi al acabar me encuentro al marcador de las etapas, Manu, que al verme, comienza a correr al lado mio para que no me perdiera. Faltaba solo un kms para meta, que estaba a orillas de un río con unas cascadas impresionantes. Phnom Kulen Waterfalls. Crucé un puente y fin de la etapa.
Que sitio tan bonito. Y que gusto poderse meter un baño en un río caudaloso y fresquito.
Tardé 2hrs45min, así que llegué pronto para limpiar la ropa, comer, bañarme, ir a las cascadas…
Fue un día de trámite y bastante auténtico ya que fue una de mis mayores experiencias. Bañarme en esas cascadas con ese caudal, ha sido de lo mejor que he hecho en mi vida. Muy recomendable.
Faltaban solo dos etapas, pero la siguiente era de las peores. 45kms
Yo tan solo tenía que mantener posición, no lesionarme, no caerme, no hacer nada raro…y eso hice.
Dejé que el grupo saliera a el ritmo que ellos quisieran. Me veía fuerte y no tenía miedo a cambiar de ritmo en cualquier circunstancia. Tenía la barriga un poco agitada y tuve que hacer de vientre un par de veces. No me suele pasar, pero ahí tenía que vigilar bien a los de a delante.
Salieron Fabrice y Stan muy rápidos. Se jugaban posiciones de podium.
Me costó entrar en grupo. Yo no quería correr tanto, pero tenía que estar delante.
El camino era fácil y al salir a las 6AM, no hacía mucho sol. Bueno, hasta el control1.
Bajamos de la montaña a una llanura de arrozales con una vistas muy bonitas y allí estaba el avituallamiento.
Me esperé un poco a los compañeros pero me dejaron ir primero. Cambié un poco el ritmo y me quedé solo. Me apetecía volver a esa soledad con esos paisajes de película de Indochina.
Me adentré en un bosque y al salir la calor golpeó fuerte. Volvimos a correr por rectas infinitas, pueblos y arena hasta el check point 2 . La calor apretaba y aún me quedaba un buen rato. Crucé un par de ríos y unos arrozales muy auténticos hasta ver la montaña que teníamos de subir.
Madre mía que desnivel tan béstia.
Llegué al tercer y último control del día que estaba a las faldas de la montaña y me puse a subir.
Había momentos que iba a cuatro patas con calor sofocante, pulsaciones elevadas y tropezandome todo el rato con troncos y ramas. En una caída justamente puse la mano en un cactus y todos los dedos llenos de espinas. Que dolor y que estrés. Pude llegar a la cima después de dos geles, los únicos que me tomé en toda la carrera. En la cima estaba el Templo más bonito que vi durante la carrera. Cuatro templos en uno, con pagodas de piedra negra y corriendo por el interior. Otro de esos momentos mágicos de Camboya.
Ya solo quedaba descender por una pista bastante inclinada con piedras sueltas que no iba muy bien para los quádriceps. Pero que avancé mucho.
Ya solo quedaba el último tramo. Rectas y más rectas con arena de playa con el sol en la nuca pero con la motivación de acabar. Ese tramo se me hizo muy ameno, ya que al dormir ese último día en una escuela, todos los niños que iban al cole, me acompañaron con sus bicis y algunos corriendo hasta la meta. Si no hubiera sido por ellos, ese final hubiera sido demasiado duro.
Ya había acabado!! 4hrs12min para esos 45kms tan exigentes pero con otra victoria.
Que bien me sentí al acabar.
Neus estaba en meta y pudimos dar todo el resto de material escolar a esos niños tan guapos.
Me sentí muy afortunado al poder dar un poquito de felicidad. No cuesta nada.
Iban llegando los corredores e iban comentando que no les dejaron subir a la montaña por temas administrativos. Había un policía que no dejaba subir. Neutralizaron la etapa y en vez de subir, bordearon la montaña. Una pena ya que el Templo era muy bonito, pero también un alivio el no subir. Era durísimo.
Ya en el campamento sacamos todo el jamón, salami, olivas, caña de lomo etc…para celebrar que solo faltaba un día para acabar. Un conductor del Staff nos trajo cervezas frías para la ocasión. Fue un detalle.
Comentábamos lo exigente de la carrera y lo bien que nos lo estábamos pasando hasta que Stefan nos reúne para ir al Templo de Angkor Wat a sacar los tickets para el día siguiente. Ya que acabábamos la carrera en una de las maravillas del mundo. Así que nos subimos a un bus y fuimos a buscar las entradas. Eran con foto, por eso tuvimos que ir en persona.
Al llegar a la taquilla, ya pudimos observar la magnitud del templo y de la masa turística que habia.
Personalmente me gustaba más los campamentos, la convivencia de todos los días… pero tenía muchas ganas de acabar la carrera en Angkor Wat.Nada, tardamos 30min y otra vez al campamento.
El último día siempre se batalla hasta el final, pero decidimos salir todos juntos. La clasificación ya estaba definida y no cambiaba mucho, así que salimos muy relajados a hacer los 20 últimos kms.
Primeros cinco kms, con Brigitte, Isabelle, Fabrice, Tony, Matteo, Bruno, Stan, Michael…
Y luego todos un poco más rápidos hasta meta.
Cruzamos la meta como finishers de aquella aventura con un gran sabor de boca.
Nos dejaron una hora para ver Angkor Wat. La verdad es que vino bien para despejar la mente.
Al acabar fuimos al hotel y a la piscina.
Volvimos a los templos después de descansar un poco y de comer una gran hamburguesa.
Fuimos al Templo de Bayon y sus 360 caras esculpidas en roca. Una preciosidad.
A la noche tuvimos la ceremonia de entrega de premios donde todo estaba mucho más calmado y donde pude agradecer a todos la ayuda recibida durante toda la carrera , que habíamos creado una pequeña familia y sobre todo dedicar la victoria a Seiji.
Esa noche salimos por las calles de Siam Reap, donde nos lo pasamos en grande.
Ya en el complejo, Neus y yo disfrutamos de unos días realmente románticos, disfrutando del masaje que la organización regalaba al primero y que Isabelle, la primera chica regaló a Neus.
Así que muchos altos y bajos, mucha aventura , una gran familia y disfrutar de grandes amigos como Tony, Cyrus, Fabrice, Brigitte y muchos nuevos amigos que sin duda volveré a ver.
Seguiremos igual, viviendo al límite y disfrutando de la vida.

Muchas gracias a Sport HG, Altra Running, Calcetines Injiji, AML Sport,  Orvis360, SafesportID.

Ultra Trail Plage Blanche

Ultra Trail Plache Blanche
 Distancia: 137kms
Etapas: 1
Tiempo: 16hrs10min
Posición: 1
Año: 1 mayo 2017
Zona: Tafnidilt, Agadir, Marruecos

Tras una experiencia calurosa a finales de Enero en Gambia, con esos 100kms non stop por el este del país y un viaje a mediados de Marzo a Irán, con su ya entrada temporada de calor, me aventuré por tierras Marroquíes para intentar realizar la Ultra Trail Plage Blanche al sur de Agadir.
137kms non stop por dunas, ríos secos, 35kms de Playa y para finalizar, camino técnico de montaña.
Tenía muy claro que calor iba a pasar, pero no sabia que el circuito iba a ser tan exigente.
La preparación más o menos es la de siempre. Intentar salir a correr a diario, visualizar como afrontar la carrera y muy importante llevar un buen material y una buena estrategia de nutrición.
Como en todas las carreras que suelo realizar, nos obligan a llevar un material que siempre ha de ir con nosotros. En este caso, lo más significativo, a parte de la manta térmica, espejo, silbato, frontal…era la capacidad de agua, que eran 3 litros y el GPS, que la organización alquilaba.
El agua lo entendí ya que teníamos avituallamientos cada 30kms y con la calor que hacia… Y el GPS era de esas cosas que asustan al principio. Nada, absolutamente nada marcado en 137kms.
Si no estás acostumbrado, que es mi caso, pues a estresarte un poco.
Preparé la mochila con todo el material, la comida, algo de ropa de playa, para después de la carrera y me fui al aeropuerto de Barcelona.
Tenia escala en Casablanca. Se demoró un poco, pero llegué a una hora decente al hotel Anezi en Agadir.
La organización ya estaba en la piscina del hotel con una cerveza esperándome. Buenos detalles.
Allí ya comencé a conocer a los corredores. Casi todos Franceses, Suizos y algún Italiano. Yo era el único Español. Pero eso no me importa, me hago con todo el mundo.
Nos fuimos a cenar y rápidamente me fui a dormir, al día siguiente ya teníamos que salir rumbo a Tafnidilt a unos 500kms al sur de Agadir.
La salida fue en mini buses y 4×4. Entre Staff y corredores seríamos unas 100 personas.
No se me hizo nada pesado, ya que era una zona de Marruecos que no conocía y el paisaje era distraído. Muchos pueblos, montañas, zonas de dunas…y un par de paradas acertadas.
Una de ellas fue para comer, que estaba incluido en el paquete de carrera. Ensalada y pollo con verduras. Todo con esas especies tan buenas del país. Me encanta la comida de Marruecos.
Después de comer, un poco de tiempo libre para ver el mercado del pueblo y a seguir con la ruta.
Llegamos a un castillo en medio de la nada y al fondo el Ksar Tafnidilt.
Un hotel con encanto en medio del desierto. Espectacular. No faltaba de nada.
Al llegar, cada uno tenía su habitación, se hizo un buen briffing, una buena cena y a dormir.
La verdad que en el sentido de organización no se puede pedir más.
Por la mañana tocó preparar mochila, GPS, desayunar y para la salida.
Estaba bastante tranquilo. Había entrenado y sobretodo había competido hacía pocos meses una distancia similar con un clima parecido. La experiencia cuenta mucho.
La mochila no me pesaba mucho y el agua la tenía bien localizada. Nada de camelback. Dos bidones de 0’75l delante y una botella de 1’5l en la mano. Iba a ser mi estrategia. Y funcionó.
A pocos minutos de la salida, me vi en puestos de cabeza, aun que el GPS y yo no fuimos muy amigos al principio. Me desorienté un par de veces. No lo llevaba a la distancia más adecuada y no sabia por donde iba.
Me puse con los primeros sin mirar mucho el GPS, hasta que en un despiste me perdí.
Subí una duna bastante grande y vi a todos los corredores por el valle, en fila india y me bloqueé.
No quería recular y pensé en trazar en diagonal para encontrarlos, pero no se podía girar a la derecha. Habían barrancos y mucha montaña de dunas.
Me empecé a incomodar y tuve que hacer un intensivo de GPS en dos minutos.
Al fondo vi un valle por el que parecía que podría sortear ese escenario tan abrumador y me lancé sin parar para allá.
Ya veía la línea del track en el GPS, solo tenía que sortear varias dunas para estar en ruta.
Me vi en medio del desierto, con camellos a ambos lados, un cielo azul bestial y un calor radiante.
Un escenario de película. Encima iba a un ritmo muy fuerte, demasiado fuerte para comenzar, pero no quería perder al grupo de cabeza.
Tardé una media hora en posicionarme en el track marcado, que por cierto, se me hizo eterna.
No veía a ningún corredor ni adelante ni atrás. Pero yo seguía con ese ritmo tan bueno.
Nunca dejaba de beber ni comer. Por mucho estrés que llevara, la alimentación y la hidratación iban a ser la clave de esta carrera y no quería problemas de deshidatación o estomacales.
Al llevar la botella de 1’5l en la mano, me obligaba a beber y así el cuerpo estaba siempre hidratado.
Y para comer, llevaba una galletas caseras de frutos secos con miel y sal. Cada media hora me comía una. Notaba que me daba esa energía que el cuerpo necesitaba. Un acierto.
Poco a poco iban pasando los kms hasta que me planté en el 25, donde estaba el Check point 1.
Tenía curiosidad de llegar y saber mi posición en carrera, ya que no había visto a ningún corredor en horas. Y la sorpresa es que iba primero. Había ido tan fuerte y sin bajar el ritmo que me puse delante de todos.
No estuve ni dos minutos en el avituallamiento. Quería seguir avanzando y mantener esa posición.
Al principio fue muy bonito, pero poco a poco se iba haciendo agónico. Mantener una primera posición es muy psicológico y duro.
Después del control 1 , había un tramo de pista muy fácil donde podías ir a un ritmo alto. Intentaba hacer la zancada larga e ir rápido. La verdad es que me vi muy entero y cómodo. Me veía capaz de llevar ese ritmo durante toda la carrera.
Pero no iba a ser todo tan fácil. Ya veía el mar al horizonte y en esas que el track me manda a un río seco. Un serpenteante río entre acantilados con una tierra blanda que no se podía ni correr.
Hacía una calor tremenda y alguna vez tenias que mojarte los pies para ir cruzando de lado a lado.
Fueron casi dos horas de río que al final se me hicieron muy largas ya que me quedé sin agua faltando poco para el segundo control.
Y llegué al km50 segundo check point.
Había pasado una de las zonas más duras de la carrera y ahora quedaba un tramo no tan duro, pero si muy psicológico. 35Kms por la playa Blanca.
En el control, igual que en el primero, no tardé ni dos minutos en salir. Aquí tenía una razón más de peso, que era la corriente del mar. Mientras más pronto llegara a la playa, más horas de arena dura tendría. La marea estaba muy baja y se podía correr como en asfalto, pero a medida que pasaban los minutos, esa marea subía y ya no se podía correr tan bien. La arena se hacía más blanda.
Durante casi tres horas de playa, con el Atlántico a mi izquierda, un sirocco que venía de cara y con un sol abrasador, me vinieron muchas preguntas a mi cabeza.
Que hacía allí? Podría mantener ese ritmo hasta el final? Llegaría primero?
Era muy difícil solo correr. Tenía que luchar contra mi cabeza en todo momento. Correr 35kms solo, por una playa sin ver a nadie, con más de 50kms en las piernas y a un ritmo alto, es muy jodido.
Pero no se como, llegué al control 3. Me hizo mucha ilusión. Ya estaba a mitad de carrera. Y solo quedaban 10kms de playa. Poco a poco el sol iba menguando y ya veía la montaña al frente. Por fin tenía alguna referencia.
Seguí por la playa, bien cargado de agua y más positivo. Tenía que estar atento a un desvío que la organización había recalcado. Estaban haciendo maniobras los militares americanos y no podíamos pasar por allí.
Creo que me lo pasé, pero a dos kms vi otro desvío y en ese si que me incorporé al trazado.
Al pasarme de desvío, tuve que adentrarme por unas marismas con agua hasta los tobillos y un barro que si no ibas con cuidado te podías hacer mucho daño si te caías. Me cabreé y todo. Estaba perdiendo un tiempo muy preciado por no estar atento. No podía equivocarme más.
El paisaje cambió. Estaba por una cordillera bordeando el mar y con una puesta de sol espectacular.
Fue la zona en la que más disfruté. Casi 100 kms en las piernas, un ritmo bastante aceptable y resiguiendo una costa muy bonita. Estuve un buen rato alucinando. Hasta que el sol desapareció y entró la noche. Se rompió ese momentazo.
Al entrar la noche, entró la montaña y ese perfil desgarrador de una prueba tan exigente como esta.
Terreno muy técnico con piedras sueltas y peligro de caer en todo momento. Ya no hacía tanta calor pero el nivel de atención era tan grande que sudaba más que de día.
Me puse el frontal y a seguir corriendo. En toda la carrera no dejé de correr ni un minuto. En la montaña, cuando se hacía duro, caminaba rápido y seguía corriendo. Estaba muy contento por el ritmo y el aguante. Me veía muy fuerte. Y eso era gracias a que no paraba de beber ni comer. Mi cuerpo estaba totalmente regulado.
Llegué al último control con un ritmo alto, por una pista ancha en subida. Tuve algún contacto con la organización, ya que de vez en cuando, me pasaban las motos y los 4×4. La verdad que saludar a alguien conocido fortalece mucho.
Al llegar al control, me senté unos minutos para llenar bidones, cambiar pilas del GPS y comer un plátano que tenían preparados para los corredores. Tenía ganas de llegar a meta, así que me levanté y a seguir corriendo.
22kms hasta meta me quedaban. Parecía que iba a ser rápido, pero el camino se complicó.
Cuestas de cactus, matojos, grietas que me sorprendían y un militar en medio de la nada que me hizo cambiar un poco la ruta. Como para decirle algo. No veas como me chillaba.
Menos mal que iba bastante rápido y no pudo cogerme.
Cada vez estaba más cerca. Me giré un momento y a lo lejos vi una luz. Parecía un corredor, así que corrí como nunca por aquel desierto. No me imaginaba perder la primera posición en los últimos kms.
A lo lejos pude ver el Fort Bou Jerif, la soñada meta.
Era la una de la madrugada, pero aún así, salieron todos los trabajadores del hotel y dos representantes de la carrera.
Al ser todos marroquíes, se hizo especial, ya que sacaron los tambores y comenzaron a cantar.
La verdad que fue una meta muy emocionante.
16hrs 10min tardé en cubrir los 137kms. No estaba muy cansado, la verdad, pero había sido muy duro.
La recompensa fue un cous-cous que estaba de vicio. Y sobretodo la ducha y la cama que me habían preparado. Un lujo en medio del desierto.
Ya por la mañana, me levanté un poco atrofiado y pude ir saludando a los corredores que iban llegando.
Todo ese día lo dediqué a relajarme, bañarme en la piscina e ir charlando.
Conocía a bastantes corredores y se me hizo muy entretenido.
La fiesta buena fue a los dos días de meta.
La organización se superó aún más con una entrega de premios muy emotiva y una super cena con música y baile. Hasta trajeron vino !!
Al día siguiente, salimos rumbo a Agadir, donde nos volvimos a juntar en el Corniche para cenar.
Fue improvisado y la verdad que no faltó nadie. Ni las Ostras ni el champagne!!
Muy agradecido del trato por parte de la organización que , al quedar primero, me invitaron para el año que viene. Así que quien quiera vivir una carrera/viaje emocionante, que me avise. Yo repetiré en 2018 !!