18 mar. 2020

Global Limits Sao Tomé

Global limits Sao Tomé


 

Distancia: 200kms
Etapas: 6
Tiempo: 19.02hrs
Posición: 2
Año: 15 febrero 2020
Zona: Sao Tomé, África


De nuevo otra aventura. Pero esta ha sido una aventura de las que no podré olvidar fácilmente, el país, el clima, la competición… Ha sido un cúmulo de sensaciones únicas que me han llenado al máximo.  
La competición se realizaba en el país de Sao Tomé y Príncipe, en el continente africano, en concreto en Sao Tomé. 
Sao Tomé es una pequeña isla de no más de 1000Kms2, equiparable a la ciudad de Nueva York o Singapur. Está ubicada en el Golfo de Guinea en la costa de Gabón. Es el segundo país más pequeño de África y estuvo colonizado por los portugueses debido a que su clima permite plantaciones de caña de azúcar, cacao y café, y podían comercializar con el continente africano. 
Yo la he llamado el jardín del Edén, porque también tienen multitud de frutas, ríos, playas paradisiacas y vegetación. En fin, un lugar donde solo hay que vivir y disfrutar, de verdad un gran descubrimiento. 
  
La entrada al país fue de impacto. Veníamos del invierno y nos colamos en el clima tropical de golpe. Humedad 100%, 40ºC…vacuna de fiebre amarilla, pastillas de malaria…eso te hace pensar que no estás en casa, así que espero aclimatarme lo antes posible a estas nuevas condiciones. 
  
La primera parada fue en su capital, Sao Tomé city. No es muy bulliciosa, al contrario, es bastante tranquila con grandes playas y edificios coloniales. Algunos reconstruidos y otros, en proceso. Tiene bastante potencial y poco a poco lo están dejando muy bonito. Eso sí, si vas a su mercado central, puedes ver la autenticidad, todo lleno de gente, vendiendo sus productos más frescos como: frutas, verduras, muchísimo pescado y artesanía, la mayoría mujeres con los niños colgados a sus espaldas y con la mercancía encima de sus cabezas, espectacular. 
  
Estuvimos un par de días en la ciudad, incluso realizamos una pre-race con nativos, donde participaban habitantes de Sao Tomé, y pudimos ver la capacidad física enorme que tienen allí para el deporte. Comprobamos enseguida la dificultad del clima, costaba respirar y aclimatarse a esa humedad tan sofocante. Pasamos por el mercado, diferentes barrios y playas, y algunos niños se sumaban a nuestra carrera al vernos pasar. Fue algo muy acertado por parte de Stefan, el organizador de esta Global Limits Sao Tomé, ya que al ser la primera edición es genial poder mostrar a los lugareños nuestra pasión por el running, y compartir con ellos unas charlas. 
  
Y para ellos, el poder hablar con gente de diferentes nacionalidades, supongo que también sería algo especial, espero que para el próximo año sea más concurrida esta pre-race. Fueron unos 5 Km que finalizaron el fuerte naval, que fue un antiguo castillo y ahora es un bonito Faro.  
  
Al día siguiente, nos dirigimos hacia el interior de la isla, donde las montañas superan los 3000mts de altura. El paisaje sorprendía: verde intenso, selva frondosa, con miles de flores, plantas, cascadas…Y plantaciones de café y cacao por todas partes. Precisamente el primer campamento donde paramos era en Roça Agostinho Neto, la mayor plantación de cacao de la isla con 3,380ha. Todas estas plantaciones, tras las distintas revueltas y revoluciones, quedaron abandonadas, y actualmente las explotan los habitantes de Sao Tomé para el consumo de su país. 
  
Dormimos en pequeñas mosquiteras individuales en el interior de la casa del capataz de estilo colonial portugués, entre los pasillos y las grandes salas de estar. Allí hicimos el primer briefing general de la carrera y la primera toma de contacto con los campesinos de la isla. Nada que ver con la capital. Muy amables, felices, siempre bailando y queriendo conversar. Y como no, llena de niños que entendían nuestro "portuñol" y no paraban de jugar con Neus. Esa noche ya notamos el calor al dormir, era sofocante, aun estando con mosquiteras abiertas dormimos sin taparnos y con casi nada de ropa. 
  
La carrera es de semi-autosuficiencia, teníamos que llevar nuestra comida, pero no la cargabas durante la competición, solo llevabas lo justo para cada etapa en la mochila de correr, por lo que te transportaban de campamento a campamento la mochila que tenía que pesar 10 Kg, con la ropa, el saco y la comida restante.  La organización solo te proporciona agua caliente. Lo bueno es que ya he realizado carreras como esta, por ello ya sé que comida llevar, en este caso liofilizados para desayunar (tipo cereales con cacao) y para cenar (tipo pasta), y durante la carrera frutos secos. 
  
Llegó el día, la primera etapa fueron 36Km, que me costaron casi 4hrs. Muchos de los corredores ya nos conocíamos de otras competiciones, ya que esta carrera de Sao Tomé era la última del circuito Global Limits world Heritage,  y tenías que haber competido en Sri Lanka, Bhutan, Albania y Camboya para poder participar en esta. Más de 70 corredores de 28 diferentes nacionalidades estábamos presentes.  
 Así que ya conocía a los competidores buenos, jijiji, una ventaja. En esta carrera además participaban dos atletas veinteañeros Olímpicos de Sao Tomé, que eran unos atletas prodigiosos, como os digo, tienen físicos hechos para el deporte: fibrados, ligeros, y con capacidad de sufrimiento, por lo que ya predecíamos todos que ellos irían al frente todo el tiempo, además se conocían el terreno. 
  
Salimos un grupo de 10 corredores en cabeza, los primeros kilómetros fueron de bajada al mar. El ritmo no fue excesivo, pero entre el calor, el bochorno, la humedad y el camino por en medio de la selva, se hizo muy duro. Yo personalmente no encontraba mi ritmo, estaba como ausente. Cruzamos aldeas, selva, playas... Hasta llegar al primer avituallamiento. Hice una parada muy rápida y seguí a ritmo, no quería parar. 
  
En el segundo tramo de la etapa el recorrido fue mucho más duro. Ascendente, a más de 3000mts y con más calor. Me derrumbé. No llegaba energía a mi cuerpo. Sudaba demasiado. 
Menos mal que tomaba pastillas de sal y electrolitos.  
  
Veía a los Sao-Tomenses correr y correr en las subidas, pero yo no podía. Íbamos ya unos 5 en cabeza, no quería sufrir demasiado la primera etapa, era la toma de contacto y la verdad que me abofeteó en la cara. 
  
Hasta el segundo avituallamiento, km20, fui fatal. Menos mal que los parámetros de alimentación e hidratación funcionaron y el último tramo pude aguantar y llegar, tocado, pero llegar en condiciones en quinto lugar. Bueno, eso me creía, pero nada más llegar vomité todo el líquido que había ingerido desde el último control hasta meta. Más bajo de energía no podía estar. Así que tocaba reponerse, tanto física, me dolían mucho las piernas, como mentalmente, ya que necesitaba encontrarme mejor. Como habíamos previsto los Sao-Tomenses llegaron en primer lugar, el primero a 20 minutos de mí, el segundo solo a dos minutos. Así que estaba contento. 
  
El segundo campamento fue en Monte Café. Que fue la mayor plantación de café que hubo en la isla. Aún quedan las naves de procesamiento y algún pequeño puesto de café. Bastante curioso. 
  
Esta vez dormimos en tiendas de campaña, en el colegio de la aldea.  
Me retiré bastante del grupo, ya que no me encontraba nada bien. Tenía que hidratarme lo antes posible. Ya me había encontrado en alguna situación similar, así que paciencia y aclimatar al cuerpo lo antes posible. Según la experiencia, el segundo día suelo estar mejor. Y así fue. Esa noche ya noté que estaba hidratado, pude comer bien y dormir, aunque con mucho calor ya que al ser en tienda de campaña aún era más sofocante dentro de ellas, y si abrías te acribillaban los mosquitos, pero aun así pude descansar. 
  
Me levanté como nuevo y con ganas de enfrentarme a la segunda etapa. Buenas vibraciones. Cambié un poco la estrategia y a correr. 
  
La segunda etapa fueron 31Kms, 2hrs32min. Al salir en bajada, me dejé llevar por el ritmo alto y fui confiado. Al ir aclimatándome poco a poco, mi cuerpo necesitaba menos agua, así que los tragos eran más reducidos pero constantes. El primer día bebí 7L de agua durante la etapa. Demasiado. Así que ese segundo día fui controlando mucho mejor la bebida. 
  
Además, el entorno cambió, poco a poco el camino se iba estrechando hasta quedar en un single trail donde no había ni camino. Estaba en medio de la selva, entre zarzas, plantas, troncos y ríos. La humedad era altísima, pero me encantaba. Correr en esa selva es como jugar a ser un expedicionario. Nunca sabías lo que te ibas a encontrar y todo lo que te encontrabas era fantasía. Con ese escenario, mi mente no pensaba en el cansancio, al contrario, volaba. Crucé varias aldeas remotas donde nunca habían visto una carrera pasar, y no sé si algún turista por sus caras de sorpresa. Al ser la primera edición, nunca se había realizado una carrera por el país, de norte a sur y mucho menos por etapas. Se sorprendían y no daban crédito. Yo me intentaba impregnar del sitio, ya que iba bastante rápido. 
  
En esas que llego al control1. Recargo rápido y sigo sin pestañear. Bajada criminal con adoquines tipo las calzadas romanas, hasta que de lejos veo a los atletas de Sao tomé. Aprieto un poco y los alcanzo. Me veía fuerte, pero sabía que estaban un escalón por encima de mí. Estuvimos un rato juntos hasta que el camino se allanó un poco y ellos sacaron su calidad y se fueron. Yo estaba tranquilo, ya que iba a un ritmo muy aceptable y sabía que si aguantaba ese ritmo lo iba a hacer muy bien.  
  
Llegué al segundo control, recargué agua y a seguir bajando. A buen ritmo, pero intentando no frenar mucho en la bajada para no cargar cuádriceps. Últimos kilómetros y subida. A veces subir descarga bastante, pero a lo lejos vuelvo a ver a uno de Sao Tomé así que decido seguir apretando. Consigo alcanzarlo, e incluso aprieto más hasta llegar a meta, y llego en segunda posición. ¡No me lo creo! Lo que hace el impulso de superación. 
  
Tras las penosas sensaciones del primer día, resurjo con nuevas ilusiones y con una confianza enorme. La verdad que la posición no era lo que buscaba, ya que tenía claro que delante de mí iban a estar los de Sao Tomé, o al menos eso creía en ese momento, lo que me interesaba más era sacar tiempo al resto de corredores. Y ese día les saqué bastante, 50 minutos, imaginaros que sensación, y que ritmo los de Sao Tomé.  Estaba muy muy contento. 
  
La meta estaba en la Pousada Bombain, en medio de una de las más extensas plantaciones de cacao y café del país, era como una casa en medio de la Selva, abandonada como os digo, pero muy auténtica. Estaba rodeada de plantas y flores autóctonas, llenas de color, e infinidad de frutas tropicales como las carambolas, Jack fruit, mangos, aguacates, papaya etc… Eso si es sentirse en una auténtica aventura en medio de la selva. 
  
Me gustó mucho la llegada por que en esa etapa estaba Neus en meta y alucinó del cambio radical que hice de un día al otro. Al llegar tan pronto, tuve tiempo de reponerme al 100%. Descansé, comí, pude dar un paseo por la aldea para activar piernas. Allí conocimos a varias familias que vivían en la pobreza, ya que antes trabajaban para el patrón de la plantación, pero tras la revolución, consiguieron la libertad, pero se quedaron desvalidos y sin dinero. Sobrevivían con los plátanos y frutas de alrededor, y con cerdos y gallinas que criaban con lo poco que tenían, para así poder comer. Emocionaba mucho ver en las condiciones que vivían, como te explicaban el cambio que habían sufrido de ver las tierras cuidadas cuando eran explotados por los patrones, y ver ahora todo abandonado. Era el eterno dilema que nos contaban los habitantes de Sao Tomé, si es mejor la libertad que tenían, pero con pobreza, o la esclavitud vivida, pero con dinero y más recursos que los que tenían entonces. Estas carreras siempre te enseñan mucho más de lo que te imaginas. 
  
Esa noche llovió, por lo que tuvimos un clima fresco, así que todo eran buenas sensaciones, ya estaba ready para el siguiente día. 
  
La tercera etapa fueron 32kms, 2hrs24min. Salimos fuerte el mismo grupo de cabeza, unos 5 como cada día. Rápidamente el sendero se estrechaba y se convertía en un caminito donde era muy difícil correr. Todo estaba húmedo, lleno de agua por la lluvia de la noche y resbalaba mucho. En una de esas, resbalé y me caí de morros. Menos mal que no había ninguna piedra o tronco, si no hubiera sido peligroso. Me concentré muchísimo. 
  
Fui solo casi toda la etapa. No me molestaba, ya que la selva se me hacía bastante amena. Solo tenía un problema, al sudar tanto y haber ortigas, se me metía el picor por dentro del cuerpo, era una sensación claustrofóbica. Tampoco podía tocarme y neutralizar el picor, así que cerraba la boca, apretaba dientes y esperaba que dejara de picar. Fue muy estresante.  
 Antes de llegar al primer control, cruzamos una bonita aldea donde todo el pueblo estaba esperando que pasáramos. Uno de esos momentos mágicos que tiene correr por el mundo. Esas caras perplejas al ver a un extranjero corriendo por su pueblo sabiendo que íbamos a recorrer el país de norte a sur…no tiene palabras. Además, allí estaba Neus para animarme. Llegué a su control, cargué de agua y a seguir bajando.  Fueron 10kms de bajada no muy complicada, pero había que estar atentos ya que muchas veces no sabía dónde pisar por las rocas sueltas. 
  
No quería bajar el ritmo y estiraba la zancada al máximo. Sabía que la meta estaba en un pueblo cerca del mar. Así que hasta que no viera el mar no iba a dejar de luchar. 
  
El control 2 estaba en la carretera justo enfrente del mar. Faltaban solo 10kms para meta, con subidas y bajadas. Pocas fuerzas me quedaban y el calor arremetía fuerte. Menos mal que cruzamos un río, me refresqué y ascendí el último tramo antes de la bajada final, donde de nuevo volví a ver a los Sao-Tomenses a lo lejos y me acabé de motivar. Había ido a un ritmo cómodo y no había perdido mucho tiempo respecto a los primeros. Estaba contento. Además, seguía con gran ventaja respecto al cuarto, más de una hora. 
  
La meta estaba en una pequeña aldea de pescadores, boca do inferno. El lugar era mágico. Miraras donde miraras había vegetación, mar y niños jugando. Qué mejor final que ese para una etapa. 
  
Acampamos justo en medio de la plaza del pueblo, en tiendas de campaña de nuevo. Como siempre, al llegar de los primeros, intenté escoger el mejor lugar para dormir y poder descansar. Pero ese día iba a ser duro relajarse. 
  
Me tiré al mar. Limpié la ropa, descansé. Volví a tirarme al mar. Era la manera de refrescarme. El calor era inhumano. Intenté comer, ya que no me apetecía mucho por el calor, pero debía hacerlo. Conseguí comer e hidratarme sin parar. 
  
Llegó Neus y nos lo pasamos genial con los niños en el agua. Ya ni me acordaba ni de que estaba compitiendo. Veía a la gente bastante petada, pero yo estaba muy entero. Incluso hice paddle surf en un cayuco de un pescador que vi pasar, me puse de pié a remar, que locura, pero me encantó. 
  
Vimos la puesta de sol, mágica, y a dormir. Bueno, eso es lo que pretendía. No me pude dormir. El calor era asfixiante dentro de la tienda. Intenté cambiar de lugar, cogí una mosquitera que encontré de las del primer día, y me acerqué al mar, a ver si encontraba un poco de brisa marina, pero que va. Esa noche es de las peores que he pasado en un campamento. Y encima al día siguiente tocaba la etapa Reina. La más larga. 
  
61kms en 6hrs27min, que dura. 
  
La salida fue de madrugada. Al no dormir nada bien, me levanté fatal, con la cara inflada de no dormir nada. No tuve tiempo para desayunar tranquilo y prepararme para la etapa reina. Así que decidí salir muy tranquilo. Sin presión. Asegurar el tercer puesto era mi único objetivo. 
  
Los dos atletas de Sao Tome, Ismael y Julio, salieron muy fuertes, pero yo me quedé en el segundo grupo, éramos unos 8, a un ritmo de ultra, más asequible, caminando en las subidas y corriendo en las bajadas y llano. 
  
Siempre había algún corredor que decidía apretar un poco, pero les pude aguantar el ritmo. Así llegamos al Control2. Por el momento la ruta era bastante fácil, selva, caminos anchos y buenas vistas. Del control 2 al 3 iba a ser asfalto. Más de 12kms corriendo a plena luz del sol, bordeando la costa y por asfalto. La verdad que a veces me gusta correr por asfalto en carreras como esta, ya que avanzas mucho y puedes ir pensando en otras cosas. Y tampoco se me da mal. Casi todo ese tramo lo realicé con Guillaume, un francés que vive en Sao Tomé, pero noté que necesitaba ir un poco más rápido. Cada uno tiene que ir a su ritmo, y yo estaba más cómodo solo así que avancé. 
  
Justo antes del control 3, el camino se desvió hacía la montaña. Creo que fue el tramo más duro de toda la carrera. El calor era insoportable, tenía que meter la cabeza en fuentes que encontrábamos en los poblados, ríos o incluso tirarme agua de mis bidones, aunque estaba caliente. Hasta que llegué al control. Recargué bidones y me adentré en la selva. 
  
Era un sendero muy estrecho, con una humedad asfixiante y en subida. Troncos, plantas urticantes que hacía que me escociera todo, caídas tontas y tramos especialmente peligrosos porqué pasabas por barrancos sin mucha protección. 
 En ese tramo, nos dijeron que tendríamos el privilegio de ver las más espectaculares vistas de todo el País, así que todo el rato intentaba levantar la cabeza del suelo para poder apreciarlo. No era tarea fácil, ya que la selva requiere de mucha atención, y en un pequeño cruce, me encontré a lo lejos el Pico Grande. Un pequeño cuello volcánico en forma de aguja de 660mts en medio de la selva. Una pasada. Me tuve que parar unos segundos para poder apreciarlo. 
  
Rápidamente me concentré de nuevo para poder pasar ese tramo tan duro y llegar al control 4, donde estaba Neus. Tenía muchísimas ganas de llegar, ya que no tenía casi agua y además quería comer el jamón que tenía preparado para la ocasión. 
  
Llegué muy muy cansado. Neus me abrió la mochila, me dio el jamón, llené los bidones de agua y rápidamente continué. No podía parar. Tocaba un tramo bastante fácil y quería avanzar. 
  
Mientras bajaba, me comí todo el jamón y un plátano que Neus me dio. Me sentó de maravilla. Volví a encontrar un ritmo aceptable y continué camino al control 5. Una hora corriendo sin parar cruzando ríos, pueblos y bordeando la costa volcánica de la zona. 
Pasé el Km50 y rápidamente encontré el avituallamiento. Cargué agua, y con mucho calor y con las piernas cansadas, afronté el último tramo antes de meta. 
  
Coincidí con niños que iban a la escuela y que se pusieron a correr conmigo. Aproveché la ocasión para que me ayudasen con el bidón de agua que llevaba en la mano y así poder organizar la mochila mientras corría. Tenía que estar lo más cómodo posible. Estaba moralmente acabado debido al gran cansancio. 
  
El tramo final fue un sube y baja por una pista no muy técnica. Pero la humedad era muy alta y yo estaba realmente cansado. Faltando 5kms volví a ver a los corredores de Sao Tomé. Y ni me alegré. Estaba exhausto. Solo quería llegar a meta lo antes posible. No quería pensar en nada, negativo ni positivo. Sabía que, si avanzaba, llegaría. Y llegué, en tercer lugar, de nuevo. 
  
Durísimo. Nada más llegar, tuve que estirarme y respirar profundamente. Las piernas las tenía destrozadas. Estiré un poco mientras me tomaba el recovery. Era vital reponer todas las vitaminas y sales minerales que había perdido por el camino. Pero tenía un malestar que tardó en irse. Realmente había hecho una etapa de vértigo. Condiciones muy duras. Ya solo quedaba reponerme en el campamento. 
  
Este estaba en Praia Grande. Con la brisa del mar y al lado del río con unas vistas al Pico Grande espectaculares. Me tiré al río para lavar la ropa y rápidamente me estiré en la tienda de campaña. Comencé a notar un malestar en el empeine del pie izquierdo y no me hacía mucha gracia. Y como me imaginaba, empeoró con las horas, me dolía bastante. Descalzo o con chanclas me dolía mucho más, pero vi que podría correr, ya que con las bambas lo soportaba más. Además, esa noche dormí mucho mejor que la anterior, ya que abrí de par en par la tienda de campaña y con la brisa del mar puede refrescarme y relajarme. Los mosquitos no aparecieron por suerte. 
  
Quinta etapa con 26kms y 2hrs23min. Mi gran etapa. 
Decidido a salir muy tranquilo y a estar con el segundo grupo a un ritmo cómodo. 
Me dolía bastante el empeine y no podía correr muy bien, ya que el terreno no era fácil, había mucha piedra, eso hizo que el dolor poco a poco aumentara. Fue lo único malo. 
  
Pero de repente el camino se hizo asfalto, y al no dolerme tanto el empeine, decido atacar. Me encontraba muy cómodo y en el asfalto podía correr bien, así que me dejo de tonterías y empiezo a correr fuerte. 
Tan fuerte que atrapo a los Sao-Tomenses y hago unos kilómetros con ellos. Volvía a la competición. 
  
Sabía que el segundo clasificado, Julio, me sacaba unos siete minutos, así que intento irme de ellos subiendo el ritmo. Los dos corredores me siguen, e incluso Ismael sale disparado y se va de nosotros dos. Me demostró de lo que era capaz. 
Me quedé con Julio, el segundo clasificado, hasta pasar la Aldea de Monte Mario. El ritmo era muy alto y faltaba mucho.  
 Nos adentramos en un tramo de Selva muy técnico y tuve que aflojar. Imposible seguir con ese ritmo tan alto. En cambio, Julio, apretó. No me creía lo que Julio estaba haciendo. En vez de seguir conmigo y asegurar su segunda plaza, se fue de mí de una manera tan bestia que no me entraba en la cabeza.  
 En la subida, me hidraté y comí bastante para afrontar el resto de la etapa. Estaba un pelín vacío. 
Con esas que llegué al primer control. Había intentado atacar para intentar colarme entre los dos primeros de Sao Tomé pero no me funcionó.  
Volvió el asfalto y volví a apretar. Y otra vez vi a Julio.  
 Apreté aún más si cabe hasta atraparlo de nuevo. Esta vez lo vi un poco más tocado.  
Seguimos corriendo a un ritmo alto y cruzamos la aldea de Vila Manzana, cerca del control 2. 
Hasta que pasó lo inesperado. 
 Salimos del pueblo, me pongo delante a marcar ritmo y poco a poco dejo de escuchar a Julio. 
Eso me motiva y apreté un poco más. Dejé de escucharlo del todo. Seguí apretando durante 500mts y en una curva me giré y no lo vi. Me quedé perplejo. 
No sabía si había petado o había cogido un atajo. Esa situación me superó. Necesitaba saber que había pasado.  
 Analizando mentalmente la etapa. Sabía que un cambio de ritmo como el que había hecho Julio era una locura y que podía haber petado. Pero, por otra parte, quien sabe, podía haber hecho trampas y recortar. (en Sri Lanka, el de delante de mí, cogió una moto para avanzar, aunque suene increíble, por eso ya desconfiaba a veces de la gente) 
 Decidí pasar de todo y correr más fuerte. Y llegué al control 2.  
Les avisé de lo ocurrido y seguí. Pero seguí a un ritmo de 3'30. Bestial. Ya no me dolía nada el empeine, o la misma adrenalina hacía que no me doliese. A falta de 10kms iba muy muy fuerte. No sabía si Julio había petado, y yo quería sacarle los 7 minutos que me sacaba en la clasificación general. No estaba fácil. 
 Apreté todo lo que pude y más. Se me hacían eternos esos últimos kilómetros, pero las ganas de recortar distancia eran tan fuertes que no paré ni un segundo hasta llegar a meta. Cabezón sí, pero esa fuerza que me da la superación es algo inexplicable. 
 Vaya etapa tan agitada. Cambios de ritmo, dudas, sacar lo máximo de mí... Para recordar. 
 Al acabar, me planté al lado de la chica que gestionaba el crono. Estaba excitado, solo quería ver si mi esfuerzo había servido para algo.  
Poco a poco iban pasando los minutos y cada vez veía que podía ponerme en segunda posición de la general. Y así fue. Julio petó y le saqué más de media hora. Brutal. 
 Neus llegó muy pronto al campamento de Praia Piscina y lo celebramos pegándonos un baño en una playa idílica, viendo tortugas naciendo y saliendo al mar y disfrutando del solete. Me encantó. 
Hicimos un Sunset en lo alto de las rocas junto con Rodrigo, deleitándonos de un buen jamón ibérico y quesos. Que más se puede pedir... Era mi celebración por una gran etapa. 
  
Esa noche descansé bien, nada de calor ya que abrimos de nuevo la tienda, así que descanso total. 
 Solo quedaba la última etapa y parecía que tenía asegurada la segunda posición de la general, a no ser que el dolor del empeine me hiciera una mala pasada. Pero estaba confiado. 
  
Eran 16Kms y tardamos 1h19min. Fuimos muy rápido ya que el terreno era muy técnico, cruzamos playas, isla de cocos, piedras sueltas... 
 Salimos a ritmazo, ya que Guillaume, el francés que vive en Sao Tomé y con el que hice una buena amistad, iba en sexta posición a solo 4 y 10 minutos del cuarto y quinto, por lo que quería luchar para conseguir la cuarta posición, así que él iba a salir a muerte para poder lograrlo. 
  
Quise ayudarle a conseguir su objetivo, así que nos aliamos y tiré de él todo el rato. Me dolía mucho el empeine, pero no quería quedar atrás, un poco de orgullo tampoco no viene mal a veces, y era el último día, había que darlo todo. 
Fuimos a muerte, no le dejé descansar ni un segundo, le aconsejaba sobre la zancada, posición corporal y ritmo, la hidratación e incluso la alimentación. Todo sumó. 
  
El recorrido era una vuelta de 10Kms por la isla grande, donde cruzamos selva, pista forestal y un par de pueblos, entre ellos Porto Alegre. No paramos en ningún momento, e incluso atrapamos a Julio, el corredor de Sao Tomé, y nos pusimos los tres a tope. 
  
Al acabar la vuelta a la primera isla, llegamos a una playa de un par de kilómetros y al final había una parada obligatoria para cruzar a la Isla de Rolas, la isla más pequeña, en barca. 
  
Allí el crono se paraba para todo el mundo, anotaban tu tiempo de llegada, y esperabas a que llegara una barca y así cruzar a la otra isla. Las barcas eran de 8 personas, por lo que estuvimos esperando a que llegaran más corredores. Ahí pudimos ver por el tiempo que Guillaume se había colocado ya quinto en la general y solo estaba a unos 4 minutos del cuarto puesto. 
  
Planeamos estrategia mientras cruzábamos en la barca y al atracar, saltamos para imponer un ritmo brutal por la Isla de Rolas. Una vuelta de 6kms y meta. Pero dar la vuelta a la isla no era tarea fácil, toda la isla estaba repleta de cocos en el suelo y el camino era muy estrecho. Teníamos que ir saltando todo el rato para no caernos y encima el ritmo era muy alto. 
  
Y entonces...pudimos ver la meta a lo alto de la colina. Estaba en el monumento al Ecuador, es el punto exacto donde cruza la línea del Ecuador con el Meridiano de Greenwich, hay un monumento en forma de mapamundi muy curioso. Allí el GPS marca el 00.00.00, increíble. 
  
Alargamos la zancada y subimos el ritmo para llegar lo antes posible a la cima. Y por consecuente, a la META de la Global Limits Sao Tomé Hemisphere Crossing. Y lo logramos. A ritmo frenético y llenos de emoción de haberlo dado todo, cruzamos la meta juntos y gritando. 
 Fue una meta especial, porque disfruté como un enano al ayudar a Guillaume y encima pudo colocarse en cuarta posición. ¡¡Increíble!! Y además aseguré mi segunda posición, no podía pedir más. Un momento muy gratificante. 
  
Mi valoración de esta carrera, como has podido leer, recomendable 100%. 
Aclimatación express, dificultad en el terreno, competidores de gran nivel, poco descanso, pequeña lesión... Pero como siempre he intentado dar el máximo y poder subir a la segunda posición de un pódium muy reñido. 
  
Y como no, mucho de esto se debe a Neus, que, con su apoyo, sus masajes y su maravillosa sonrisa me ha hecho todo más fácil. 
  
Tras la entrega de premios en el prestigioso Hotel Pestana Ilha de Rolas, nos pegamos un fiestón de lo lindo. Con bailes, bebida y baño de madrugada en la piscina del hotel. 
  
Diez días intensos que nunca olvidaré... ¡¡¡MUITO OBRIGADO!!!